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miércoles, 23 de marzo de 2016

“Acepté porque a qué chica no le gusta un novio atento”

Ella dice que la llaman Leili, tiene 22 años y asegura que, por más que quiere mucho a su novio, no sabe si ese amor podrá superar los problemas que les trae el complejo de él: su estatura. Leili cuenta que Rodri, con quien empezó a salir desde hace 5 meses, se pone mal cuando ella usa tacos, por más bajitos que sean, porqué él sólo mide 1 metro cincuenta y siete y eso le hace sentir mal. “El no quiere entender que lo único que importa es que yo me sienta bien a su lado y que no me importa que sea baji­to, se molesta por cualquier cosa , y al principio fue que no quería que use taco alto nomás, pero ahora ya ni siquiera soporta que me levante un poco el pelo, por ejemplo haciéndome un rodeti­to que me haga ver más alta”, cuenta ella.
Cuenta Leili, que su novio, Rodri, es un amor, pero que tiene sus momentos de arge­lería, que en un principio le parecían tolerables, pero que ya está pasando la barrera de lo que ella está dispuesta a aguantar. Y todo porque él es bajito, una estatura que para una mujer es normal en nuestro país, pero en un hombre se nota más, aunque todo es según el cristal con que se mira, desde luego.
Porque a Leili, él le gusta así como es, pero parece que su novio no le cree. “Cuando yo le conocí a Rodri, él se había dejado recién de una novia, y me dijo que fue porque ella no le inspiraba confianza, que supo que nun­ca se dejó del todo de su ex, y que por eso decidió romper con esa chica. Yo también estaba sola, pero porque quería nomás, en mi caso. Ya que me dedicaba a estudiar solamente y siempre me pa­reció que era mejor hacerme primero un camino, tener una profesión y cumplirle el sueño a mi mamá que quiere verme con un título, antes que andar perdiendo tiempo con muchachos que a veces te pueden arruinar toda la vida, por ejemplo si te embarazás. Pero cuando le conocí a Ro­dri, cambié de opinión porque él fue muy sincero conmigo, y me di cuenta que iba a tomar en serio si llegábamos a se novios, eso me gustó y empe­zamos a salir, apenas un mes después ya éramos novios, y enseguida quiso llevarme a su casa para que le conozca a su familia”, refiere.
A ella le encantó la fami­lia de su novio: “ellos son muy familieros, nosotros en casa no tanto, pero también es porque mi mamá trabaja demasiado, ya que mi papá hace años nos dejó para irse con otra mujer y él ya tiene sus otros hijos, nosotros ni le vemos más. En cambio, la familia de Rodri es diferen­te, son muchos, se quieren y da gusto estar ahí, ellos enseguida me demostraron cariño, y bueno, todo parecía tan lindo. Hasta que Rodri me dijo que si podía ir a una fiesta de la empresa en que trabaja, con él. Claro, le dije, y compré un lindo vestido para esa ocasión. Yo quería deslumbrarle, cuando eso recién cumplimos dos meses de novios, y un día antes él me llamó y me preguntó de qué color iba a ser mi ropa, y azul, le dije. Me preguntó cuánto calzo, le dije que 36 y me dijo que no compre za­patos, que él me iba a llevar. Pensé que era ocurrente, pero acepté también porque a qué mujer no le gusta un hombre detallista”, nos cuenta.
Pero Leili se iba a llevar una sorpresa: cuando llegó su novio, ella ya estaba lista para acompañarle: “Me puse unos zapatos altos, azules, pensan­do que como Rodri es hombre él no iba a acertar el tipo de zapatos que me gustan, o que quizás se habría olvidado de que prometió traerme. Pero me vio y se enojó ya. Me dijo: te dije o no te dije que yo te iba a traer para tu zapato, eh. No me gusta que uses tacos altos, qué lo que creés, que vas a ser más linda porque parecés alta, o qué, me dijo. Yo estaba tan asombrada, no podía creer, pero qué lo que te pasa mi amor, le dije”, refiere.
El, le dejó un paquete sobre el sofá. “Cambiate los zapa­tos, me voy a casa y vuelvo enseguida, me dijo. Y salió. Yo abrí la caja y eran unas cha­titas celestes que no pegaban con mi vestido. No me quise poner, pero tampoco quise que se enoje, así que me puse, y cuando él volvió y me vio con la chatita, estaba como si nada otra vez. Por el camino, todo bien, pero cuando estu­vimos sentados cenando, en la fiesta, le pregunté porqué se enojó tanto y por qué yo no podía usar tacos. Allí me dijo que le disculpe, pero que él es bajo y que no tolera que yo parezca más alta porque él es hombre, que no quiere que pasemos otra vez por eso”.
Las cosas no iban a parar allí. Eso lo comprobó unos días más tarde Leili: “una vez se fue a esperarme en la facultad, y yo usaba vaquerito y una remera, como siempre, pero tenía pues­tos unos championes de esos que vienen tipo plataforma, no es alto, pero de unos cinco centímetros en total. El apenas me vio así ya se enojó. Por poco no me sacó y tiró. Me dijo que si no podía irme descalza, te imaginás un poco. En fin, muchos problemas seguimos teniendo por este tema y me cansa”, nos cuenta.

“Por algo no me pide que tengamos sexo”

Todo iba a empeorar. Fueron al comedor de un shopping, cuenta Leili, y allí ella se encontró con un amigo, Marce, quien es novio de una compañera de facultad de ella. “El vino alegre a saludarme cuando yo estaba pidiendo comida, y nos abrazamos, nos dimos besitos como es normal entre amigos. Marce siempre fue muy cariñoso, y me acom­pañó hasta la mesita donde me esperaba Rodri. Les iba a presentar, pero apenas nos acercamos Rodri se levantó y se fue a uno de los puestos a pedir comida gua’u. Marce se dio cuenta de la situación y se fue, nos despedimos. Toda una escena me hizo Rodri, le pregunté porqué, y me dijo que no soporta que me acerque a ningún hombre alto. Pero eso es un complejo tuyo nomás, le dije. Me dijo que sí, que es un acomplejado, pero que si le quiero le tengo que comprender”, cuenta.
Ahora, dice Leili, las co­sas no están nada bien entre ellos. Y hay algo más, es lo que nos cuenta: “A mí me gusta que Rodri nunca me haya todavía insistido para tener sexo, pero es raro. Yo creo que su complejo llega hasta la cama, por algo no me pide todavía eso. Yo incluso una vez hablando le dije que sólo tuve un novio y que había tenido sexo con él, pero que ya hacía como tres años. El no me dijo nada, pero en síntesis, sabe que no soy virgen, o sea, por eso no va a ser que no me dice nada. Creo que físicamente en la cama también es acomple­jado. No sé si voy a poder aguantar esta situación, por más que le quiero”, finaliza diciendo.

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